
No estoy en medio de una guerra. No estoy perdido en un desierto. Estoy en mi casa, con buena temperatura y tranquilo. Soy muy afortunado. Tanto que no me lo creo. Y sin embargo no soy capaz de verlo como debería. Creo que este es un mal que acecha a todo occidente. El mal de no ser capaz de ver lo bueno que hay en la vida. Yo procuro verlo todo lo posible y agradezco todos los días por todas las cosas que tengo y que disfruto, pero tengo que hacerlo con más asiduidad y más intensamente.

Siento que estoy atascado en un estado del ser del cual no sé cómo salir. Por más que investigo y acciono, no doy con la tecla. Algunas cosas voy consiguiendo, pero creo que esto se debe a acciones del pasado que no hice correctamente y ahora se están arrastrando. Podría ser, quien sabe. De todas maneras, cada cual está atascado a un nivel concreto y para elevarse al siguiente tiene que saltar su salto de fe. Un salto de fe que hay que estudiar muy bien pero que, una vez se tome la determinación de saltarlo, entonces hay que hacerlo sin mirar atrás.
Espero que este año que acaba de empezar sea el año en el que des tu salto cuántico de fe y te liberes del atascamiento que tengas en tu ciclo vital. Luego vendrá otro y otro, pero eso es harina de otro costal.
Ian