Hoy podría ser el día más importante de tu vida, pero no lo sabrás hasta que termine. También podría ser el último día de tu vida, pero tampoco lo sabrás hasta que termine. Podría ser un día cualquiera, sin ninguna “importancia” en tu vida, pero tampoco lo sabrás hasta que termine ¿Qué puedes hacer hasta entonces? Puedes preguntarte cuál sería el siguiente paso a dar y por qué y repetir estas preguntas para ir refinando lo que haces cada día para ir viviendo cada día un poco mejor.

Existen muchas fórmulas para desatar nudos en la vida y también para atar aquellas cosas que necesitan ser atadas. Una de las mejores es hacerse las preguntas concretas y correctas o, por lo menos, lo más correctas posibles. Es algo que estoy aprendiendo a hacer y viene muy bien ¿Por qué hago lo que hago? Esta es muy buena ¿Por qué escribo esto que estoy escribiendo ahora mismo? ¿Para qué lo hago? También es una buena pregunta.

Sobre todo, lo hago para expresarme, para que quede algo de mí también, aunque sea en formato digital y bajo pseudónimo. Cosa que desaparecerá si dejo de pagar el plan que tengo para el blog o si me muero y nadie lo continúa. Por lo tanto, tampoco es tanto por dejar algo para la posteridad. ¿Para qué haces tú las cosas que haces? ¿Por qué las haces? Realmente darle un para qué y un por qué a lo que hacemos sirve para darnos una cierta paz de espíritu y de mente, pero, a fin de cuentas, todo lo que hagamos aquí es polvo y se lo llevará el viento. Nada permanece…

La vida parece más bien un terreno de entrenamiento, un instituto en el que estamos aprendiendo a manejar muchas fuerzas diferentes y conjugarlas todas de manera que suframos menos cada vez. Teniendo en cuenta, además, que sufrir es una forma de fuerza o energía que hay que conjugar y contar con ella para la existencia. Puede darse una existencia sin casi sufrimiento, pero creo que siempre habrá algún tipo de sufrimiento hasta que se llegue a la consciencia suprema.
Ian.