La sombra

Peter Pan tenía que coserse su sombra porque sino se le escapaba. No quería que la sombra se fuese de él, no quería olvidar a su sombra. Es algo muy enigmático lo que nos dice esta parte del cuento del niño que no quería hacerse adulto. Esto ocurre mucho hoy en día. Y es que no hay ritos de paso para la etapa adulta. Pasamos sin más. Algunas personas, por las experiencias que tienen en su vida pasan por así decirlo por esos ritos y se convierten en adultos funcionales y sanos. Pero la mayoría estamos anclados a la niñez de una manera u otra, con más o menos intensidad.

Pero el tema aquí es la sombra. Esa sombra que queremos todos tapar a toda costa o, mejor dicho que todos, la gran mayoría. Y es esa sombra todas aquellas cosas que no nos gustan de nosotros y de las que nos sentimos avergonzados. Considero que hay muy poca gente impecable en el mundo, así que la mayoría no tiene integrada su sombra como se supone que debe ser para estar saludable mental y físicamente. He puesto se supone porque yo tengo que integrar mi sombra en muchos aspectos. En otros la he integrado, pero el trabajo es monumental.

La sombra es inevitable de todas maneras. Así que bueno, no pasa nada por tenerla porque es inevitable. Lo que sí pasa es cuando no se asimila, se acepta y se conoce. Como con todo, se debe tomar conciencia de ella y poner cartas en el asunto para que seamos nosotros los que la dirijamos, en lugar de ella a nosotros. Hay tantas fuerzas pulsando para que le demos rienda suelta a la sombra que la tarea es bastante complicada. Por eso hay que ponerse manos a la obra, ser disciplinados y mantenerla a raya, pero sin jodernos a nosotros mismos en el camino. Es un equilibrio bastante complejo y cada quién lo lleva lo mejor que puede o eso creemos.

Total, espero que sirva de algo a alguien este pequeño escrito sobre la sombra y, sobre todo, no me hagas caso en ningún sentido porque no sé cómo de perdidos están los demás, pero yo estoy muy perdido y cada día voy encontrándome un poquito más, pero aún me queda tanto que ni siquiera puedo estimar cuánto es. Seguramente en una vida no me dé ni para un suspiro, pero por lo menos que en ese suspiro haya sabido caminar con mi sombra y coserla correctamente por si acaso.

Ian

Dictablanda

Escuchar mientras se lee…

Vivimos en una dictadura blanda. No podemos hablar de muchas cosas porque se nos censura. Todos nuestros datos y actividad en internet, sea vía ordenador o vía teléfono, es rastreada y monitorizada. Se nos imponen unas maneras de ver el mundo que son, por lo visto, la únicas y discrepar de esas maneras es ser un disidente, un negacionista o un conspiranoico.

Pero me pregunto ¿Cuándo no hemos vivido en una dictadura? ¿Cuándo? Y bueno, mi ser me dice que debieron existir épocas en tantos millones de años de evolución en las que sí que hubieron períodos de libertad bastante grande. Pero también habría menos consciencia de ello. No sé, la verdad. Además, si la cosa es así es porque de alguna manera tiene que ser así dentro de este juego tan extraño que es la vida. Es así para que vivamos de una forma o de otra pero que haga que nos enfrentemos a situaciones concretas y las resolvamos de manera concreta también. Cada época, cada momento, tiene que propio afán, digamos.

En gran medida vamos creando la realidad que vivimos y se puede ver esto en que la realidad que uno vive no es la que vive el vecino de en frente o el tendero de la tienda. Cada vida es un universo diferente, y con eso incluyo a animales, plantas y minerales. Así que, sabiendo esto, creemos nuestra realidad lo mejor posible dentro de nuestras limitaciones (las tenemos, aunque podamos superarlas mientras las tenemos las tenemos).

Siempre han habido seres libres en las dictaduras. Seres que han sabido zafarse de las garras de la imposición y eso es loable y digno de emular todo lo que se pueda. Creo que somos libres hasta cierto punto y esclavos hasta otro punto. Como si un campana de Gauss se tratara. Unos están en un extremo más cercano al esclavismo y otros a la libertad, pero todos participamos de limitaciones, potenciales y acto.

Ian

Atreverse…

Escuchar mientras se lee…

Hoy me atrevo a escribir sin saber qué quiero escribir. Que las letras fluyan sin sentido. Que el sentido sea lo que viene, sin más. Dejar que el mensaje surja, que diga algo que llegue a quien tenga que llegar y luego se vaya, como todas las cosas. No tiene sentido, pero a la vez tiene sentido. Tiene sentido expresarse porque somos seres expresivos. Siendo un cadáver es cuando no se es expresivo. La cuestión es hacia dónde dirigir esa expresividad. Ahí decidimos nosotros, o eso creemos. Pero, ¿Quiénes somos nosotros? ¿Somos una individualidad que se mantendrá por la eternidad o por el contrario se diluirá en la eternidad? Yo pienso que las dos cosas, de alguna manera.

Hoy me atrevo a dar las gracias a tantas cosas magníficas que he vivido. A tantas personas maravillosas que he conocido y conozco. Me atrevo a mirar de refilón al abismo de mis propios demonios y darles las gracias porque sin ellos no estaría aquí ahora. Me atrevo a entretenerme con cosas como escribir y disfrutar de ello como el que está viendo una serie. Me atrevo a hacer música y deleitarme con ella, llegue a quien llegue, si es que llega a alguien, que me consta que sí.

Puedo atreverme a lanzarme a la aventura de vivir después de haber estado en un pozo hondo de negrura del que parecía que nunca iba a salir. Y aún estando ese pozo intenté disfrutar de la situación lo más posible, porque creo que esa actitud es la que me terminó sacando de ahí. No sé si volveré, pero si vuelvo (que espero que no) volveré a tener esa actitud para salir más rápido si cabe.

Me atrevo a decirte a ti, que lees esto a saber cuándo y desde dónde y en qué situación, que puedes sortear todos los obstáculos si te lo propones. Aunque suene muy manido es verdad, si te agarras a esa parte de ti que lo sabe todo, aunque tú no sepas nada en ese momento, esa parte te sabrá guiar, te dará la fortaleza necesaria en cada paso. Y también te digo, si no encuentras las fuerzas es que ese hilo que tienes es justo la fuerza que necesitas, no más. Hay que pasar por ahí para pegar el salto y subir de nuevo.

Ian