Dolor, otra vez

El dolor es físico y es necesario hasta cierto punto. Cuando no cumple su función, cuando la cosa duele por nervios o tensiones psíquicas el dolor no mola. O porque se tiene un síndrome raro. Pero el dolor es necesario porque nos marca un límite, un hasta aquí. Para no hacer daño a un órgano o a una articulación, por ejemplo. O no dañar de más una herida abierta. El dolor realmente nos protege. Pero el dolor es jodido. Es lo contrario al placer y hay a quién le satisface, pero son los menos. En realidad, es un revulsivo porque tiene que serlo, pero su naturaleza es muy rara. Al igual que la del placer ¿Dónde están? ¿Por qué el dolor nos repele, qué hace para repelernos?

El dolor es como un estrés muy grande en el sistema nervioso mientras que el placer es una calma muy grande en el sistema nervioso. Ambos deben ser puntuales, porque sino serían insoportables. Un orgasmo continuado puede ser una tortura gigante. Entre la elección del placer y el dolor nos encontramos. Si buscas placer al final tendrás dolor por la ley del ritmo que todo lo compensa. Lo ideal es no buscar ni placer ni dolor. Mantenerse en un término medio, pero eso es un poco utópico. Además, vivimos en una sociedad que hace todo lo posible porque consumamos, de tal manera que nos bombardea la mente constantemente para que compremos esto o aquello que, además, está diseñado para que nos enganche.

Vivimos en una sociedad de yonquis y camellos. Los camellos son pocos y los yonquis somos la mayoría. Consiguen vendernos sus “chucherías” de todo tipo, sean de comer o tecnológicas. Siempre a por la última versión que engancha más que la anterior. De tal manera que cada vez somos más necesitados y más enganchados y tenemos menos capacidad de salir de la rueda de enganche a la que nos someten. Es brutal. Y todo esto en base al mecanismo del placer y el dolor. Si no estás en esa rueda de consumismo entonces eres chungo y la sociedad, tus amigos y vecinos, te criticarán para mal.

Ian.

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