Yo soy yo y mis circunstancias

Que diría José Ortega y Gasset. Pero cuánto de «yo» estoy siendo y cuánto de «mis circunstancias»… Esa es la diferencia. Y ahí entra el aforismo atribuido a Sócrates del oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo… y, en la versión ampliada se dice… y conocerás el universo y a los dioses”.

Cuanto más me conozca a mí mismo más podré manejar mis circunstancias de manera que me sean benévolas en gran parte de las ocasiones (porque no somos perfectos o por lo menos eso parece y no podemos conseguir que siempre sean circunstancias benévolas). Porque, obviamente, nadie quiere circunstancias malévolas en su vida adrede. Siempre será por equivocación o por mala orientación.

La cosa es que sabiendo esto cómo haces para cambiar los pensamientos intrusivos negativos que aparecen sí o sí en la mente de vez en cuando y en situaciones muchas veces delicadas. Particularmente procuro tener mantras que me orienten de nuevo hacia un pensamiento positivo. Mantras como “todo está bien”, “todo está en equilibrio”, “todo bien, todo meridiano”. Me sirve también respirar hondo y pensar en aquello que es lo opuesto a lo negativo que me ha asaltado. Hay que entrenar lo que Marco Stramaglia llama la triada de la manifestación para poder solventar este problema de la mejor manera posible. Se trata entonces de tener una “Decisión inquebrantable con fe”, un “control de la atención” y una “imaginación controlada”. Si la triada se mantiene vamos limpiando paulatinamente nuestra mente y nuestra voluntad se va refinando hasta el punto en que se vuelven inquebrantables y entonces permanecemos libres de estados bajos del ser.

Ahora, es un trabajo de por vida. Se ha de mantener y no flaquear y es muy difícil no flaquear. El mundo está lleno de situaciones y oportunidades para flaquear que, se podría decir, son pruebas que nos pone la vida para ver si estamos hechos de la pasta necesaria para ser “libres”. Al final esto parece una carrera por ser libre y en el trayecto la mayoría de la gente queda atrapada en cosas que la hacen menos libre de lo que era previamente. Entonces es una cosa bastante truculenta la vida. Hace que la gran mayoría de seres humanos sucumba ante mil y un vicios (y yo me siento en esa parte todavía) y muy pocos consigan, gracias a la gracia de su espíritu y su voluntad, un grado de libertad lo suficientemente amplio como para poderse llamar espíritus libres o a punto de liberarse.

Ian

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