El tiempo se va, momento a momento, día a día. Aunque, visto desde otro punto de vista, el tiempo no existe. Sólo existe un eterno presente que no sería tiempo, sino un estado de consciencia que cada ser vivencia de una forma u otra. Por ejemplo, el presente de una mosca es mucho más lento que el presente de un ser humano. Digamos que es más amplio, pues capta muchos más fotogramas por segundo que un humano, por esto es capaz de anticiparse a un movimiento rápido mucho más rápido (valga la redundancia) que muchos otros animales de la creación.
El ejemplo de la mosca es muy interesante porque su presente es varias veces más grande que nuestro presente, pero podemos observar el presente de una tortuga y es mucho más rápido que el nuestro, puesto que viven cerca de 200 años, diríamos que es el doble de rápido que nuestro presente (al de los seres humanos me refiero). Qué podríamos lograr si pudiésemos estirar nuestros presentes o contraerlos… Con ciertas drogas se consiguen efectos de este tipo, lo que pasa que el efecto no sólo va ligado a la percepción del presente si no a la percepción de otros mundos y estados alterados de consciencia.
Pienso que personas como Bruce Lee fueron capaces de moldear hasta cierto punto su presente y lograr “tiempos” más rápidos o más lentos según sus necesidades para lograr proezas como las de jugar al ping-pong con nunchacos o matar moscas con ellos también. La capacidad de Bruce Lee es encomiable y parece de otro mundo, pero me hace recordar a las proezas de las que eran capaces los brujos toltekas del México antiguo de los que hablaba Carlos Castaneda en sus libros. De qué somos capaces los seres humanos sólo lo saben un grupo muy selecto de seres humanos y, además, estoy seguro, ellos saben muy poco en relación a lo que se podría llegar a saber.
Ian