¿Qué hacer?

¿Qué hacer, qué pensar, qué decir, qué sentir? Es curioso porque la mayoría del tiempo de nuestra existencia hemos pensado, dicho, sentido y hecho cosas que corresponden a las circunstancias en las cuales estamos encajonados, como quien dice. Y esas circunstancias son desde nuestro propio cuerpo a nuestros trenes de pensamiento, pasando por nuestros sentimientos que derivan de esos pensamientos y de torrentes de hormonas que tienen que ver con la borrachera que has pasado o el enamoramiento que has sufrido, aunque por tu propia cosecha, realmente.

Llegado el momento parece que ya nada tuviese ese impacto que antes tenía en la vida y uno maneja de otra manera todos los caudales de sensaciones, pensamientos, sentimientos y emociones que va viviendo y la vida se convierte en una película en la que uno pasa a ser más director que otra cosa, pero siendo espectador y a la vez actor. Quién sabe si por llegar a estas conclusiones me queda menos vida que a alguien que no llegue a estas conclusiones, pero aún así no puedo evitar pensar en estas cosas en este momento de mi vida.

Últimamente me he topado con la filosofía Advaita y estoy indagando de manera suave en ella. Hay varias cosas que me resuenan bastante sobre cómo se supone que es el mundo en realidad. A veces pienso que todo está escrito ya, que todo está vivido ya, que sólo estamos enfocando nuestra atención en un punto y desde un punto que es, a su vez, el enfoque de otro ser mayor o de otro punto que tiene mayor capacidad de atención que nosotros. Viendo además cómo parece que funciona el mundo se ve que es como una depredación de varias densidades y vibraciones y que, en ese juego de depredación, se determina todo, hasta nuestro comportamiento.

Aún así, espero poder aprender a coexistir con la depredación y aprender a mantener un equilibrio sano de fuerzas en todos los campos de la vida para estar lo mejor posible dentro de esta aventura y, a su vez, desarrollarme de la mejor manera posible si es que eso existe. Tal vez cada ser ya se desarrolla de la mejor manera posible porque, además, no hay otra en la que pueda desarrollarse. Es todo tan extraño y tan abstracto. Al final, pretender conocer el mundo es absurdo, el mundo o la vida, da igual. Es un camino absurdo, pero igualmente lo recorremos una y otra vez, unos más, otros menos, pero ahí vamos…

Ian

Deja un comentario