Sobre el blanco, el negro de las palabras. Vistiéndolo, arropándolo, cubriéndolo. Contando historias infinitas que no van a ninguna parte. Llenando todo de naderías y, a la vez, de certezas extrañas que sólo sirven si se practican. Se puede perder mucho tiempo estudiando algo que no es practicado. Es mucho mejor practicar lo que se estudia que estudiar mucho lo que se va a practicar. Yo he pecado de lo segundo y ahora, de cierta manera, me arrepiento. Pero bueno, todo error es un acierto de alguna manera. Hace que veamos eso que antes no veíamos y hay tanto por ver.

¿Qué objeto tiene aprender tanto? Es verdad que se disfruta y que aprender te hace más alegre u ofrece una suerte de felicidad, de dicha, pero, a la vez, parece ser una especie de trampa. Pues todo lo que aprendes se queda como cierto cuando la mayoría de las veces esto no es así o sólo lo es parcialmente. Es algo raro esto de aprender. Como he dicho en otras ocasiones, es, de alguna manera, como recordar. Pero es recordar para olvidar. Algo un extraño a lo que, por ahora, no le veo mucho la utilidad. Pero quien soy yo para juzgar tales cosas…
Al final todo parece un juego muy complejo con leyes simples que, de ser bien jugado te puede dar muchas satisfacciones y de ser mal jugado puede ser un verdadero infierno. Ojalá se enseñasen esas leyes en los colegios y muchas otras cosas que no se enseñan. Sería todo mucho más divertido y alucinante para bien. Pero parece ser que los intereses de los que controlan este cotarro son bien distintos. Lo bueno es que controlar, lo que se dice controlar, no controlan nada. Sólo están siendo lo que son y cada uno de nosotros estamos siendo lo que somos. El conjunto, el subconsciente colectivo, es el que mueve las mareas de masas de un lado a otro, de unas formas de pensar a otras.
Ian