El ominoso mar de la conciencia

Vivimos sumidos en un breve y pequeño punto de conciencia que “flota” dentro de un mar gigantesco de conciencia. Eso creemos que somos. Eso experimentamos ser la mayor parte de nuestra corta vida. Sólo en ocasiones muy contadas o en casos en los que el ser medita y bucea en el mar, nos acercamos a la grandeza y vastedad de la conciencia. Creo que nos acercamos pocas veces porque sería insoportable para mantener la razón acercarse más a menudo. Un entrenamiento férreo puede servir para lograrlo con más asiduidad, pero en principio la gran mayoría de la gente no nos entrenamos así.

La locura permite ver a vistazos gruesos y rápidos grandes magnitudes de conciencia, pero de manera desordenada e inconexa la mayoría de las veces. Pero se puede contemplar la faz de la inmensidad y el terror que ello provoca. Eso hace que muchas personas que han pasado por eso sean religiosas o proclives a la espiritualidad. La experiencia mística se va mezclando con la vida ordinaria hasta imbuirlo todo y no se sabe bien distinguir, cualquier cosa puede parecer tremenda, desde lo más pequeño a lo más grande. Comienzan a ocurrir circunstancias excepcionales a ojos de la persona así afectada y llega un momento en que no puede controlar su sentir, su razonar ni su emoción.

Hay tantas cosas que desconocemos que asusta. Pero parece que estamos equipados para poder movernos entre tanto lodazal y salir venturosos de la epopeya. No todo el mundo consigue salir, eso está claro, de hecho, la mayoría nos vemos atrapados de una u otra manera en inercias y sentires que nos hacen vivir círculos viciosos normalmente. Lo suyo es encontrar la inercia del círculo virtuoso y agarrarnos a ella como a un clavo ardiendo ya que el otro camino es el de la depravación y el declive hacia los infiernos humanos. En el mar de la conciencia tenemos que navegar de la mejor manera posible y cada uno tiene que sacar fuerzas de flaqueza para lograr enderezar el rumbo hacia un equilibrio creciente dentro de tanto desequilibrio.

La cordura es, entonces, la capacidad de mantenerse en círculos virtuosos el máximo tiempo posible e ir desechando los círculos viciosos que nos llevan a la locura. Y, dentro de la cordura, estaría también la capacidad de sondear ese gran mar de la conciencia con la cautela suficiente para no hundirnos en sus abismos.

Ian

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